Palacio Verdala encima de Buskett, Malta

L-Imnarja: cómo cambió la fiesta más antigua de Malta

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Acaba de ponerse el sol. Entre los árboles de Buskett comienzan a encenderse las primeras luces, el aroma del conejo asado flota en el aire y, a lo lejos, se escucha el canto de la għana. Las familias extienden sus mantas, los niños corretean entre los árboles y casi nadie se detiene a pensar que la tradición que están viviendo tiene cientos de años.

Sin embargo, si visitáramos ese mismo lugar hace seiscientos años, no encontraríamos nada de esto. Ni mantas de pícnic. Ni un Buskett lleno de gente. Ni largas filas esperando una ración de conejo. De hecho, ni siquiera Buskett era todavía el corazón de las celebraciones.

Y aquí es donde comienza la verdadera historia de L-Imnarja. No como la historia de un único festival, sino como la historia de una isla que fue transformándose a lo largo de los siglos. Y con ella también cambió su festividad más antigua.

Cómo fue cambiando L-Imnarja a lo largo de los siglos

Cuando hablamos de tradiciones históricas, solemos imaginar que se han repetido de la misma manera durante siglos. Como si alguien hubiera establecido las reglas una vez y las generaciones posteriores se hubieran limitado a seguirlas.

L-Imnarja es justamente lo contrario. A lo largo de sus más de seis siglos de historia documentada, ha cambiado tantas veces que probablemente las personas de distintas épocas ni siquiera la reconocerían. A un campesino medieval le costaría entender la exposición agrícola actual. Un caballero de la Orden de San Juan se sorprendería al ver a cientos de familias haciendo pícnic en Buskett. Y el visitante de hoy buscaría en vano algunas tradiciones que en otros tiempos se consideraban las más importantes.

Y, a pesar de todo, sigue siendo la misma festividad. ¿Cómo es posible? L-Imnarja no sobrevivió porque permaneciera siempre igual. Sobrevivió precisamente porque supo cambiar. Cada etapa de la historia de Malta le dio una forma ligeramente distinta, pero ninguna llegó a romper su continuidad.

El origen del nombre L-Imnarja: ¿qué significa?

Hoy, cuando alguien pronuncia la palabra L-Imnarja, pocas personas se preguntan qué significa realmente. Sin embargo, es precisamente el nombre el que nos ofrece la primera pista para adentrarnos en su pasado.

La mayoría de los historiadores coincide en que el nombre L-Imnarja procede de la palabra romance luminaria, que significa luces o iluminaciones. A primera vista, la explicación parece sencilla. Aun así, con el paso del tiempo han surgido alrededor de una sola palabra una sorprendente cantidad de leyendas. Quizás hayan leído que se trata de un vestigio de una antigua fiesta romana dedicada a la luz. O que Malta ya celebraba el solsticio de verano con hogueras y antorchas antes de la llegada del cristianismo.

Es una idea atractiva, pero la historia suele ser más prudente. Las fuentes conservadas de los siglos XVII y XVIII describen Mdina, las iglesias y otros lugares públicos importantes iluminados para la ocasión. L-Imnarja recibió su nombre precisamente de esas iluminaciones. Sin embargo, eso no significa automáticamente que existan pruebas de una tradición ininterrumpida desde la época romana.

Los historiadores pueden afirmar que el nombre está relacionado con la luz. Pueden demostrar que la iluminación era una parte importante de la festividad. También pueden señalar que celebraciones estivales similares existían en todo el Mediterráneo. Lo que no pueden asegurar es que la L-Imnarja actual sea la continuación directa de una fiesta romana concreta. Y quizás eso haga su historia aún más interesante: en lugar de una explicación sencilla, encontramos una tradición que fue evolucionando a lo largo de los siglos.

Malta al comienzo del verano

Imaginen Malta hace seiscientos años. No había complejos turísticos. Ni hoteles. Ni automóviles camino de Buskett. Solo una pequeña isla cuya vida dependía principalmente de la agricultura. La mayoría de sus habitantes vivía directamente de lo que conseguía cultivar. Cada buena cosecha determinaba cómo viviría una familia durante los meses siguientes.

El final de junio marcaba un momento especial. Los campos ya estaban cosechados. El trabajo más duro había terminado. Durante un breve tiempo, por fin era posible respirar. Es en este contexto donde encontramos la forma documentada más antigua de L-Imnarja: no como un gran festival ni como una atracción turística, sino como un momento de descanso después de semanas de trabajo agotador. Para un campesino medieval significaba una sola cosa: por fin habían terminado.

El cristianismo da un nuevo significado a la festividad

A veces se dice que el cristianismo eliminó las antiguas festividades. En realidad, con frecuencia ocurrió algo distinto. En muchos casos adoptó fechas que ya tenían una importancia especial para la población y les dio un nuevo significado.

En Malta, el final de junio quedó ligado a la festividad de san Pedro y san Pablo. No fue una elección casual. San Pablo, sobre todo, tenía una importancia extraordinaria para los malteses. La tradición relata su naufragio en Malta, del que nace uno de los relatos fundamentales del cristianismo maltés. Por eso, las celebraciones se concentraron alrededor de Mdina, Rabat y la gruta de san Pablo.

Si en aquella época hubiéramos ido a Buskett en busca de L-Imnarja, nos habríamos llevado una decepción. Buskett todavía no era el escenario principal de las celebraciones. El corazón de la festividad latía en otro lugar: en las calles de Mdina, en Rabat, en Saqqajja y alrededor de los lugares relacionados con san Pablo.

La llegada de los caballeros de la Orden de San Juan a Malta

En 1530 llegó a Malta una flota que cambiaría para siempre la historia de la isla. La Orden de San Juan, cuyos miembros son conocidos también como caballeros hospitalarios o caballeros de Malta, recibió el archipiélago de manos del emperador Carlos V. Para Malta, aquello marcó el inicio de una nueva era: un nuevo gobierno, una nueva nobleza y nuevas leyes. Casi cabría esperar que también hubieran llegado nuevas festividades. Pero no fue así.

Todo nuevo poder se enfrenta a la misma pregunta: ¿prohíbe las tradiciones existentes, las sustituye por las suyas o deja que continúen? Parece que los caballeros eligieron una cuarta posibilidad: permitieron que la población conservara sus tradiciones más apreciadas y, poco a poco, les fueron dando un nuevo contenido.

Cómo transformaron los caballeros la festividad

Durante el gobierno de la Orden de San Juan, L-Imnarja adquirió una organización cada vez más definida. Las carreras comenzaron a regirse por normas precisas. Los ganadores recibían premios ceremoniales. Se anunciaba públicamente cuándo y dónde se celebrarían las competiciones. Incluso la administración municipal participaba en su organización.

Las fiestas eran una de las pocas ocasiones en las que cientos, e incluso miles de personas, se reunían en un mismo lugar. Era una oportunidad que ningún gobernante quería desaprovechar. L-Imnarja dejó de ser únicamente un día de descanso después de la cosecha. También se convirtió en un acontecimiento público en el que los nuevos gobernantes podían mostrar su orden, sus normas y su poder. Sin embargo, la Orden no se opuso a la tradición. Al contrario, pasó a formar parte de ella.

Y es precisamente durante esta época cuando aparece por primera vez el Bandu.

El Bandu: la antigua tradición del pregonero

Imaginen que están en una plaza de Mdina. Llega el pregonero y comienza a leer. No se trata de un relato ni de una oración, sino de una proclamación pública. Hoy, el Bandu es principalmente una forma de recordar una antigua tradición. Hace varios siglos, sin embargo, tenía una función muy distinta. Sus palabras poseían un peso real: anunciaban el comienzo de las celebraciones, informaban sobre las carreras, recordaban las normas y dejaban claro que detrás de toda la festividad había una autoridad.

Las carreras y los palji: la tradición más antigua

Durante la Edad Media y el gobierno de la Orden de San Juan, las carreras no eran una simple atracción folclórica. Representaban competición, prestigio y espectáculo público. Sin ellas, la festividad habría perdido una parte esencial de su estructura.

Los ganadores no recibían únicamente la admiración del público. También los esperaban los palji, premios ceremoniales decorados con espigas de trigo y hojas de vid. A primera vista puede parecer un detalle menor, pero en realidad era un símbolo precioso. El trigo evocaba la cosecha y la vid, los frutos del campo. La entrega pública de los premios conectaba la vida rural con la administración urbana. De este modo, L-Imnarja dejó poco a poco de ser únicamente una fiesta de campesinos y se convirtió en una celebración de toda la sociedad.

Cuando el conejo dejó de ser solo un conejo

Hoy resulta casi imposible imaginar L-Imnarja sin él. A finales de junio, los restaurantes de toda Malta preparan cientos de raciones de fenkata. En Buskett se extiende el aroma del conejo guisado con vino y ajo, las familias se reúnen alrededor de largas mesas y casi nadie duda de que este es el plato más tradicional de toda la festividad. Sin embargo, las descripciones más antiguas de L-Imnarja todavía no le reservaban al conejo un papel protagonista.

En las crónicas escritas durante el gobierno de la Orden de San Juan, la festividad aparece asociada principalmente con las luces, las ceremonias religiosas, las carreras, las proclamaciones públicas y las multitudes que se dirigían a Rabat. El conejo no se convirtió en símbolo de L-Imnarja hasta mucho después. Y su historia es bastante más compleja de lo que parece a primera vista.

Quién podía cazar conejos silvestres

Fue precisamente aquí donde, al consultar distintos estudios históricos, me encontré varias veces con una contradicción entre lo que suele repetirse en las páginas turísticas y lo que realmente ha podido demostrarse mediante las fuentes históricas.

Durante el gobierno de la Orden de San Juan, la caza de conejos silvestres estaba estrictamente regulada. Existían prohibiciones y se imponían castigos severos a quienes las incumplían. La idea sencilla de que cada año había un único día en el que se permitía cazar no cuenta, por ahora, con un respaldo inequívoco en los documentos históricos. Pero hay una cuestión más importante que el número de días autorizados: ¿por qué querían cazar conejos silvestres si podían criar los suyos?

La respuesta es sorprendentemente sencilla: un conejo doméstico y uno silvestre no representaban lo mismo. El conejo doméstico era una propiedad. Matar uno significaba reducir al mismo tiempo las posibilidades futuras de reproducción. El conejo silvestre, en cambio, proporcionaba carne adicional. Los estudios históricos también apuntan a que algunos campesinos permitían que las hembras domésticas se aparearan con machos silvestres para mantener una cría sana y vigorosa. Por tanto, la frontera entre el conejo doméstico y el silvestre no era tan clara como podríamos imaginar hoy.

El historiador Carmel Cassar no interpreta la historia del conejo únicamente como una tradición gastronómica. En realidad, es una historia sobre quién tenía derecho a utilizar el territorio. La Orden de San Juan fue delimitando zonas en las que la caza estaba prohibida o reservada a grupos privilegiados. Para los caballeros, cazar era ante todo un deporte. Para los habitantes del campo, significaba alimento, pero infringir las restricciones podía llevarlos a prisión. El mismo territorio. Dos mundos completamente distintos.

Todo gobierno necesita dejar claro quién toma las decisiones. A veces construye fortalezas; otras veces acuña nuevas monedas. Y en ocasiones decide quién puede cazar y quién no. Durante siglos, el derecho de caza fue uno de los símbolos de poder más visibles de toda la Europa medieval. No se trataba únicamente de carne. Se trataba de quién tenía derecho a aprovechar el territorio.

El siglo XVIII: cómo Buskett se convirtió en el corazón de L-Imnarja

Si hoy, 29 de junio, detuvieran a cualquier maltés por la calle y le preguntaran dónde se celebra L-Imnarja, probablemente respondería de inmediato: en Buskett. La asociación resulta tan evidente que la mayoría de las personas nunca se plantea si siempre fue así. Pero no lo fue.

Reconozco que esta fue probablemente la parte que más me sorprendió. Durante mucho tiempo di por sentado que Buskett había sido el centro de las celebraciones desde sus orígenes. Sin embargo, las fuentes históricas revelan una historia mucho más interesante.

Los caballeros de la Orden de San Juan crearon la extensa zona arbolada de Buskett como parte de los terrenos de caza que rodeaban el Palacio Verdala. En Malta, donde existen muy pocos bosques naturales, era un lugar excepcional. No se trataba de un rincón cualquiera del paisaje, sino de un espacio asociado con la élite y con el descanso de los grandes maestres. Varias décadas después, las personas comunes comenzarían a reunirse allí.

Las fuentes históricas muestran que, durante la segunda mitad del siglo XVII, los grandes maestres promulgaron varias disposiciones que prohibían entrar en Buskett durante la noche. Quienes incumplían la prohibición se enfrentaban a castigos severos. Era necesario proteger los animales, los terrenos de caza y las propiedades de la Orden. Para los caballeros, Buskett representaba mucho más que un conjunto de árboles: era un símbolo de su posición. Y, aun así, unas décadas más tarde, fue precisamente allí adonde la gente comenzó a acudir durante L-Imnarja.

Por qué las celebraciones se trasladaron a Buskett

Por desgracia, la historia no nos ofrece un momento preciso en el que alguien decidiera: a partir de hoy, L-Imnarja se celebrará en Buskett. No conocemos ninguna decisión de ese tipo. Lo que encontramos, en cambio, es una transformación lenta. Durante el siglo XVIII, las fuentes mencionan cada vez con mayor frecuencia que, después de las ceremonias religiosas y los actos públicos, la gente se dirigía a este lugar. Llevaban comida, cantaban, descansaban y pasaban allí la tarde y la noche.

No fue una revolución repentina, sino un desplazamiento silencioso del centro de la festividad.

Así es como suelen nacer las tradiciones: no mediante una única decisión, sino a través de cientos de pequeñas decisiones tomadas por personas comunes. Una familia se sienta bajo un árbol. Al año siguiente regresa. Después se unen los vecinos. Y varias generaciones más tarde, todo el mundo tiene la impresión de que siempre fue así.

También existe una explicación muy práctica. Mientras que las calles de piedra de Rabat y Mdina ya están abrasadoras durante la mañana a finales de junio, Buskett es uno de los pocos lugares de Malta donde los árboles proporcionan una sombra agradable incluso durante la época más calurosa del año. Para las familias que querían pasar juntas un día al aire libre después de la cosecha, podía resultar una elección mucho más natural que una ciudad recalentada por el sol.

Sendero sombreado entre los árboles en el bosque de Buskett, Malta.
Encontrar sombra bajo los árboles es poco habitual durante el verano maltés. Esta es también una de las razones por las que Buskett se convirtió de forma natural en un lugar de encuentro.

Buskett aportó algo nuevo a L-Imnarja: tranquilidad, sombra, comidas compartidas, largas veladas y música. Fue allí donde comenzó a surgir la imagen de L-Imnarja que mejor conocemos hoy. Mientras la celebración estuvo vinculada principalmente con Rabat y Mdina, tuvo ante todo el carácter de un acontecimiento religioso y público. Con el tiempo, Buskett se convirtió también en un lugar para descansar y reunirse.

Los británicos transforman L-Imnarja

A finales del siglo XVIII, Malta atravesó otro gran cambio. En 1798, Napoleón puso fin al gobierno de la Orden de San Juan y, apenas dos años después, la isla quedó bajo administración británica. En el transcurso de unas pocas décadas, Malta cambió hasta resultar casi irreconocible. Se construyeron nuevas carreteras, puertos, escuelas y oficinas públicas. Sin embargo, algo permaneció sorprendentemente intacto: L-Imnarja no desapareció.

Los británicos eran una potencia colonial protestante que gobernaba una isla mayoritariamente católica. Aun así, no intentaron eliminar ni limitar de manera considerable una de sus celebraciones populares católicas más importantes. Por el contrario, L-Imnarja continuó desarrollándose durante el período británico y adquirió una nueva dimensión gracias a la exposición agrícola.

La exposición agrícola que transformó la festividad

En 1854 se celebró por primera vez en Buskett una exposición agrícola organizada. No fue una iniciativa espontánea de varios agricultores, sino un proyecto de la Agricultural Society de la época, cuyo objetivo era mejorar la agricultura maltesa. Junto a las tradiciones populares apareció de pronto algo completamente nuevo: concursos para elegir los mejores animales de granja, frutas, verduras y productos agrícolas.

A primera vista, podría parecer un pequeño cambio en el programa. En realidad, supuso un giro fundamental. Hasta entonces, L-Imnarja había sido principalmente una celebración por haber completado con éxito la cosecha. Los británicos la convirtieron poco a poco también en un escaparate de cómo debía ser un agricultor moderno. Ya no se trataba únicamente de festejar lo que la tierra había producido. Comparar, evaluar e intercambiar conocimientos también pasó a ser importante.

No todos recibieron la idea con entusiasmo.

Resulta interesante que este cambio tampoco fuera aceptado de inmediato. Las fuentes históricas señalan que algunos criadores se negaban al principio a exhibir sus mejores animales. Temían el mal de ojo, una antigua creencia mediterránea según la cual la envidia o un exceso de admiración podían hacer enfermar o incluso provocar la muerte de un animal. Por un lado estaba la moderna administración británica, que quería fomentar la competencia y el progreso. Por el otro, los criadores que no mostraban sus mejores ejemplares porque querían protegerlos de la envidia de sus vecinos.

Pero tampoco esta vez surgió un conflicto en el que uno de los dos lados terminara imponiéndose. Ocurrió algo mucho más interesante: ambos mundos fueron entrelazándose poco a poco. La exposición agrícola se convirtió en una parte inseparable de L-Imnarja y, varias décadas después, casi nadie podía imaginar la festividad sin ella.

Ya gobernaran Malta los caballeros de la Orden de San Juan o los británicos, ambos regímenes hicieron, en realidad, algo parecido. No destruyeron una celebración popular muy apreciada. En su lugar, incorporaron elementos de su propio mundo. Los caballeros aportaron organización, normas, proclamaciones públicas y una representación visible del poder. La administración británica añadió poco a poco el progreso agrícola, los concursos y las exposiciones. L-Imnarja permaneció, mientras nuevas capas se iban acumulando alrededor de su núcleo original.

De la guerra a la independencia

A comienzos del siglo XX, Malta seguía siendo una sociedad predominantemente agrícola. Por eso, L-Imnarja conservaba gran parte de su carácter original. Los agricultores se reunían en Buskett, la exposición agrícola continuaba celebrándose, las carreras atraían espectadores y el canto de la għana durante la noche seguía siendo una parte natural de los festejos.

Pero entonces llegó un acontecimiento que transformó toda la isla. Entre 1940 y 1943, Malta fue uno de los lugares más bombardeados del mundo. La isla soportó un largo asedio, escasez de alimentos y ataques aéreos diarios. En esas circunstancias, las celebraciones públicas también pasaron a un segundo plano. Las fuentes históricas no ofrecen demasiados detalles sobre L-Imnarja durante la guerra, pero resulta evidente que su celebración tradicional quedó considerablemente limitada.

Sin embargo, L-Imnarja no desapareció cuando terminó la guerra.

Al mismo tiempo que Malta comenzaba a reconstruir sus viviendas, sus puertos y su economía, también recuperaba sus celebraciones tradicionales. L-Imnarja había sobrevivido a cambios de gobernantes, epidemias, crisis económicas y a uno de los capítulos más difíciles de la historia maltesa.

Cuando Malta obtuvo su independencia el 21 de septiembre de 1964, cambió mucho más que la organización política del país. Por primera vez en siglos, la isla dejó de estar gobernada por una potencia extranjera. Esto también tuvo importancia para L-Imnarja.

Durante siglos, la festividad había evolucionado bajo el gobierno de otros. Después de 1964, la situación cambió. Por primera vez, el futuro desarrollo de L-Imnarja quedó exclusivamente en manos de los propios malteses. Esto no significa que la celebración cambiara de repente: sus distintas capas históricas permanecieron intactas. Lo que cambió fue su significado. Aquello que antes había sido una celebración oficial bajo el patrocinio de un gobierno extranjero se fue convirtiendo en parte del patrimonio cultural nacional y en un día festivo oficial.

L-Imnarja en la actualidad

La segunda mitad del siglo XX trajo consigo enormes cambios sociales en Malta. La agricultura dejó de ser la principal fuente de sustento. La industria, los servicios y, más tarde, el turismo adquirieron cada vez mayor importancia. Al mismo tiempo, disminuyó gradualmente el número de personas que vivían de la agricultura tradicional.

A pesar de ello, la exposición agrícola no desapareció. La explicación está en el cambio de su función. Mientras que en el siglo XIX era principalmente un lugar donde los agricultores compartían sus conocimientos y experiencias, hoy también sirve para recordar el mundo rural maltés y su forma de vida tradicional.

Muchas otras partes de L-Imnarja experimentaron una transformación similar. Las carreras ya no son el principal acontecimiento deportivo del año, sino una tradición histórica. La għana ya no es la única música popular que escuchan los malteses, pero continúa sonando durante L-Imnarja. Y hace mucho que Buskett dejó de ser el coto de caza de los grandes maestres: hoy es un parque público que la población relaciona, sobre todo, con esta festividad.

Mesas y zonas de estar bajo los árboles en el bosque de Buskett, Malta.
Hoy, Buskett es un espacio público destinado al descanso, los pícnics y las reuniones.

Por qué L-Imnarja ha sobrevivido durante seis siglos

En la L-Imnarja actual conviven la celebración cristiana de san Pedro y san Pablo, la fiesta medieval que marcaba el final de la cosecha, las carreras y el Bandu de la época de la Orden de San Juan, la exposición agrícola introducida durante el período británico y un festival cultural moderno.

L-Imnarja se convirtió en uno de los mayores acontecimientos sociales de Malta. Familias enteras procedentes de distintas partes de la isla acudían a Rabat y, más tarde, a Buskett. En una época en la que la mayoría de las personas pasaba casi todo el año dentro de su propia aldea, estas celebraciones ofrecían una oportunidad poco frecuente de reunirse con una comunidad más amplia.

Para la mayoría de la población, L-Imnarja continuó siendo, ante todo, un día para reunirse en familia. Un día en el que, después de meses de trabajo, podían sentarse bajo la sombra de los árboles, cantar, comer bien y encontrarse con vecinos a quienes durante el resto del año solo veían mientras trabajaban en el campo.

Quizás por eso sobrevivió a todos los períodos políticos. No porque la protegieran los gobernantes, sino porque la protegió la propia gente. Cada nuevo poder añadió algo, pero ninguno consiguió arrebatarle lo más importante: la sensación de que, al menos durante un día, Malta era dueña de sí misma.